El Mayu Dulce, el río que abraza el alma santiagueña


Nuestro Río Dulce, el querido Misky Mayu, vuelve a ser protagonista como espacio de encuentro, descanso y memoria viva de generaciones que encuentran en sus orillas un refugio natural y cultural.
Hay paisajes que no se explican: se sienten. El Río Dulce es uno de ellos. Para los santiagueños no es solo un curso de agua, es un compañero fiel de la vida cotidiana, un testigo silencioso de historias, charlas compartidas y momentos que quedan para siempre en el corazón.

En invierno, con el sol tibio acariciando sus márgenes, el Mayu invita a la contemplación serena. Su caudal avanza manso, reflejando el cielo y regalando una paz que parece detener el tiempo. En verano, en cambio, se transforma en alivio, en frescura bendita frente al calor intenso, en ese abrazo natural que devuelve energía y sonrisa.
A su vera, el ritual se repite: un mate que pasa de mano en mano, amigos reunidos, familias que se encuentran, risas que se mezclan con el murmullo del agua. Pequeños grandes placeres que solo quienes aman esta tierra saben valorar.

El Río Dulce es remanso y es fuerza; es lecho bravío y, a la vez, calma infinita. Es refugio en los días difíciles y celebración en los momentos felices. Allí, los santiagueños encuentran paz cuando están en vilo y felicidad cuando el verano aprieta.

Porque el Mayu Dulce no solo corre por la geografía de la provincia: corre, desde siempre, por la identidad y el alma de Santiago del Estero.
———————–Fernanda Andrea Sanchez
Coordinación general y periodística
Martín Zevi
Coordinación del Dpto. Audiovisual








