Guardines de piedra en la costanera: El misterio y la historia de los leones alados del Parque Aguirre


Emplazadas en el acceso principal del pulmón verde santiagueño, estas imponentes esculturas francesas de la fundición Val d’Osne custodian los senderos locales desde hace generaciones. A medio camino entre la mitología clásica y el patrimonio urbano, se consolidan como un símbolo de protección, arte europeo y memoria colectiva a orillas del Río Dulce.
El Parque Aguirre alberga entre sus senderos y su densa vegetación una serie de tesoros patrimoniales que conectan de forma directa la identidad santiagueña con las corrientes artísticas europeas de principios del siglo XX. Al ingresar al principal espacio verde de la ciudad, los vecinos y visitantes se topan de frente con dos suntuosas esculturas que capturan la mirada de inmediato. Aunque a primera vista pudiera pensarse que se trata de grifos —aquellas criaturas mitológicas que la literatura clásica describía con la parte delantera de águila y la trasera de león—, la descripción de «leones alados» es la que mejor se adapta a su fisonomía urbana y monumental.
Estas piezas monumentales poseen un origen sofisticado: pertenecen a la célebre serie de las Fonderies du Val d’Osne, una prestigiosa fundición de arte francesa cuyas obras ornamentaron las principales capitales del mundo. Las esculturas fueron adquiridas oportunamente por el Estado para ornamentar el diseño original del Parque Aguirre, conformando un lote de mobiliario urbano de alto valor estético que llegó a la provincia desde Francia en la misma transacción comercial que incluyó a otros íconos locales, tales como la escultura de «Las Chismosas», la histórica fuente que ornamentaba la plaza principal (y que hoy se resguarda en el CCB) y la figura de «La Flora» ubicada en el Centro Cultural Ricardo Rojas.

Símbolos de fuerza y poesía bajo los eucaliptos
Con su imponente cuerpo de felino y unas alas extendidas hacia el cielo que emulan el despliegue de un ave de presa, estas figuras evocan de manera directa a los antiguos guardianes de templos y ciudades de las civilizaciones de la antigüedad, funcionando como símbolos universales de fuerza, nobleza y protección en el espacio público.
Bajo la sombra protectora de los viejos eucaliptos que caracterizan al predio, los leones alados vigilan en silencio el paso de los años en la capital. La tradición lírica local les ha rendido homenaje señalando que sus alas no conocen el cansancio y que sus ojos de piedra parecen recordar de manera imperturbable cada tarde dorada recortada sobre el horizonte del Río Dulce. A lo largo de las décadas, han visto pasar a sucesivas generaciones de santiagueños caminar por los senderos del parque, siendo testigos silenciosos de las risas de los niños, las canciones de los históricos carnavales y el murmullo constante del viento entre las hojas de las arboledas centenarias. No emiten rugidos, pero su sola presencia física custodia la memoria de la ciudad.
———————–Fernanda Andrea Sanchez
Coordinación general y periodística
Martín Zevi
Coordinación del Dpto. Audiovisual








