Mística santiagueña: La leyenda de La Telesita, el alma milagrosa que baila en el corazón del monte



Entre la fe y la tragedia, la historia de Telésfora Castillo late en la idiosincrasia de nuestro pueblo. Conocé el origen de la joven salavinera, el significado de las tradicionales «telesiadas» y el magnetismo de una devoción popular que se reza bailando.

En la vasta y profunda línea de mitos y leyendas que pueblan el suelo santiagueño, existe una figura que encarna como ninguna otra el alma de nuestra tierra. Hoy dedicamos este segmento especial a “La Telesita”, la trágica e inmortal historia de Telésfora Castillo, una joven oriunda de la histórica región de Salavina cuya memoria habita en porciones iguales entre el imaginario popular, la poesía folklórica y la certeza comunitaria de que los milagros existen.

La Telesita representa la esencia misma del ser santiagueño: una identidad donde la fusión de la fe y la realidad cotidiana conviven en perfecta armonía, invitando especialmente al turista a sumergirse en relatos atrapantes y llenos de magnetismo.

Cuenta la historia oral y el registro de nuestros mayores que Telésfora Castillo era una joven huérfana y de una condición extremadamente pobre, pero dueña de un corazón noble y puro. Vivía enteramente de la caridad de los vecinos y pasaba sus días recorriendo los senderos del monte.

Su figura quedó inmortalizada en el cancionero popular a través de la célebre chacarera que suena en los montes en su honor, la cual hace alusión a sus raídas vestimentas:

  • «Telesita, la mangamota»: Una expresión quichua-castellana que significa textualmente «de mangas rotas», retratando su humilde andar.
  • Sus ojos sin brillo: Como reza la misma melodía, describiendo la mirada perdida y melancólica de la joven salavinera.

Sin embargo, su gran pasión fue también el escenario de su tragedia. El alma de Telésfora encontraba su libertad absoluta en la danza. Dice la leyenda que, en una noche de frío, mientras danzaba con fervor enceguecido cerca de un fogón, la fatalidad la alcanzó: cayó accidentalmente en las brasas y el fuego consumió su vida.

Tras su dolorosa partida, los campesinos y lugareños comenzaron a experimentar su presencia protectora, transformándola en un «alma milagrosa». Para los habitantes del monte santiagueño, La Telesita se convirtió en la abogada de las causas perdidas de la ruralidad. Los promesantes acuden a ella para pedirle favores vitales en el día a día, tales como recuperar animales perdidos en la espesura del monte o conseguir las tan ansiadas lluvias en épocas de dura sequía.

Para cumplir con las promesas o agradecer los milagros concedidos, el pueblo santiagueño no reza en silencio; celebra las denominadas «telesiadas». Estas singulares ceremonias comunitarias consisten en fiestas rituales donde se deben bailar siete chacareras seguidas sin parar, mientras se ofrece abundante bebida y empanadas criollas en su honor.

En Santiago del Estero, parte del ser nacional vive intensamente en la fe en lo intangible. La Telesita es el recordatorio eterno de que aquí, la muerte no apaga la danza, sino que la transforma en un milagro colectivo que sigue latiendo en cada repique de bombo.

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Fernanda Andrea Sanchez
Coordinación general y periodística

Martín Zevi
Coordinación del Dpto. Audiovisual

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