Upianita, donde la noche aprende a quedarse


A la vera del antiguo Camino Real, cuando el sol se despide lento y la luna comienza a bordar sombras, Upianita abre su patio y convierte la noche en un ritual de encuentro, memoria y pertenencia.
Upianita no es solo un lugar: es una forma de sentir. Cada sábado, a unos 25 kilómetros de la capital, el tiempo parece aflojar su paso y dejar que la tradición tome la palabra. Allí, entre luces tibias y tierra antigua, se encuentran quienes llegan por primera vez y quienes ya saben que volver es inevitable.

Las danzas brotan como un lenguaje heredado, las comidas guardan el secreto de las cocinas de antaño y las manos artesanas cuentan historias sin decir una sola palabra. Todo convive en armonía, como si el paisaje mismo hubiera decidido celebrar lo que somos.
En Upianita, la cultura no se muestra: se comparte. Se hace canto, zapateo, charla larga y abrazo sincero. Es el patio donde la sencillez se vuelve grandeza y la identidad se ofrece sin artificios, con la honestidad de lo que nace de la tierra.

Porque hay noches que no quieren terminar, y patios que no se olvidan. Upianita es eso: una fiesta que abre sus brazos, justo en el instante en que la noche toca el sol y la santiagueñidad se vuelve eterna.
———————–Fernanda Andrea Sanchez
Coordinación general y periodística
Martín Zevi
Coordinación del Dpto. Audiovisual








